''Circuito Paranoico''

CIRCUITO PARANOICO - FIN DE LA CIVILIZACIÓN -

Contenido:

Tomando como síntoma del tiempo actual el fenómeno del consumo masivo de drogas, se plantea la existencia de un diálogo entre paranoicos, que produce un efecto progresivo de desconfianza, del que no se puede salir.
En este sentido, el autor llega a la conclusión de que estamos envueltos en una dinámica que lleva al fin de la civilización, entendida como progreso de los valores de tolerancia y solidaridad entre los hombres.

Fragmentos de texto:

III.EL FENÓMENO MARIHUANA: LA DISPERSIÓN DEL YO.

El síntoma consumo de drogas en su momento de nacimiento, al que llamamos fenómeno marihuana, tiene por característica, el hecho  de que la marihuana dispersa el yo.  

Por ello creemos válido considerar que la causa inicial de la aparición de las drogas es la excesiva intensidad paranoica, producida en nuestra sociedad.  Vale decir, un nivel sobrecargado de mecanismos paranoicos en el pensamiento y en las formas de comunicación interpersonal de la época.  Pelearse es un lastre.

De esta excesiva intensidad paranoica surge el síntoma marihuana, iniciador del cortejo moderno de las drogas, que señala la causa inicial del consumo.  

IV.EFECTO COMÚN DE TODAS LAS DROGAS: CAMBIAR EL YO.

Vimos como la marihuana dispersa el yo.  Pues bien, cualquier droga  produce un efecto de cambio sobre el yo, pariente de aquel producido por la marihuana, el de la dispersión que hemos mencionado en el apartado II.

Toda droga es una circunstancia exterior al psiquismo, que produce efectos sobre él.  Este efecto producido por un estímulo químico, consiste en la alteración brusca de la percepción.

Efectivamente, el efecto de conciencia de una sustancia psico-activa, cualquiera que fuese su acción específica sobre la mente, es producir un cambio en la percepción sin solución de continuidad con el estado previo, producto natural de los mecanismos psico-ambientales.  Sus auto y hetero percepciones son bruscamente alteradas, sin participación de los procesos psíquicos naturales que regulan la percepción.

Con este argumento clínico y teórico, buscamos dar cuenta de una pregunta que viene inquietando a algunos investigadores, sobre la naturaleza de las relaciones de la cultura y la droga:

¿Por qué se dio el paso de la etapa de monodroga a la etapa de poli droga?

Esta pregunta puede ser complementada por otra más, que viene a hacer más compleja alguna de las polémicas que desarrollamos:

¿Si el fenómeno marihuana fue producido por una intensidad excesiva de paranoia en las relaciones sociales, por qué razón, en la etapa siguiente de la poli droga, se utilizan sustancias en forma más o menos anárquica, que producen variados tipos de acciones sobre las funciones mentales, distintas del efecto anti paranoico de la droga inicial?

No contestaré estas preguntas en este sitio, porque ello nos llevaría demasiado lejos del punto que queremos abordar aquí.  Prefiero  por lo tanto dejarlas enunciadas, como encuadre del denominador común entre el síntoma en su forma inicial de monodroga, y en su forma posterior de poli droga.

Para decir nuevamente que existe un elemento en común que justifica que se haya continuado desarrollando el síntoma cultural de consumo de drogas, en lugar de haber seguido otra vicisitud que puede considerarse posible, que es la de la desaparición del síntoma.  Finalmente, los síntomas suelen desaparecer, cuando se resuelven los factores que los producen.  Efectivamente, quiero en este lugar situar la siguiente pregunta:

¿Por qué razón o mecanismos psico sociales, no se acabó el consumo de drogas en su primer etapa marihuanera?

La respuesta que dejo a consideración del lector es que seguía estando presente en la dinámica del consumo, después de los primeros años de marihuana una crisis del yo, en cuanto a su funcionalidad, tanto a nivel individual, como grupal y cultural.

La necesidad simbólica de nuestra cultura y sus habitantes, de resolver el drama de un yo tironeado por una situación social problemática  y, en general, demasiado paranoica, es lo que produce la continuidad del pasaje de la primera a la segunda etapa del síntoma.
No hay que olvidar que en la clínica de todo consumidor de drogas - de cualquier droga, incluyendo el alcohol - en el momento en que "sube" el efecto mental de la misma, el sujeto vive una ruptura en la función de su yo.

En este momento de su efecto mental, cualquier droga tiende a producir una disposición perversa en el psiquismo del consumidor.  En el sentido de romper con la norma convencional, en la medida en que es la costumbre de sentir la subida de la droga y la ruptura del yo, lo que constituye el fondo psicológico de la adicción.

La adicción a una droga tiene el valor de un ejercicio perverso, tanto en la mente sana como en la patológica; incorporando el hábito de la ruptura del yo al  pensamiento.

Este efecto perverso de las drogas, resulta visible cuando se produce el paso histórico de la etapa monodroga a la etapa poli droga, ya que allí es donde se caotiza el efecto psicológico específico del comienzo del síntoma del consumo en Occidente (marcado por la forma de acción psíquica de la marihuana) sobre el yo.  

En la etapa poli droga, persiste el efecto de conmoción sobre el yo, visible como decíamos, como un factor común, en la acción de cada droga, pero los efectos específicos, distintos para cada sustancia, siguen una figura no sistematizable, una figura de caos.  Por ello, en la segunda etapa del síntoma cultural, lo que entraría en juego es la tendencia a la perversión cultural, montada sobre el puente de la original conmoción del yo cultural.

El consumidor de poli droga, violenta su estabilidad yoica, y entrena la función mental perversa.  Tanto tomado como consumidor individual, como cultura consumidora de drogas.
El efecto específico del síntoma en su segunda etapa es: propender a la perversión.

Veamos ahora algunos elementos ambientales que siguen esta dirección en cuanto a sostenimiento del síntoma en su segunda etapa.

VIII.    EL CIRCUITO PARANOICO

Veamos la forma de comunicación entre dos sujetos paranoicos:
El yo nos da la sensación de nuestra identidad.

La paranoia le da al sujeto una sensación de verdad  absoluta y única.  El sentimiento de identidad es irrefutable para el paranoico.

Toda la estructura psíquica humana, en tanto basada en el narcisismo, facilita esta sensación de absoluto poseedor de la verdad infusa, que invade al paranoico.

Se trata en efecto, de la fuerza mental primaria que llamamos narcisismo - la más profunda de las funciones mentales - la cual, en el paranoico, converge sobre el yo.  Es un sujeto que en su pasado ha sido maltratado o, por el contrario, excesivamente idealizado, y que por reacción o identificación según el caso, conformará su yo e identidad como una certeza absoluta.

Cuando dos paranoicos, debido a intereses comunes, quieren negociar; haciendo gran acopio de voluntad, se ponen a conversar; están en situación de tratar de lograr un imposible, ya que comunicarse en plan de intercambio, va en contra de su naturaleza paranoica.  

Al conversar con el otro,  no pueden evitar sentir, en el exceso de cuidado que pone el interlocutor en no despertar su susceptibilidad, la posibilidad de una agresión - la que conoce por propia experiencia - la traza, la trama, el olor de la agresión. Pero, sacando fuerzas de flaqueza, se sobrepone y no arremete contra el interlocutor. Hablando con propiedad, retrasa su agresión.

Pero hete aquí que el otro no deja de percibir en su amabilidad la tensión de tal esfuerzo y, lejos de interpretarlo como buena voluntad, lo hace al modo paranoico, como trama agresiva y, no puede evitar sentirlo como sospecha.  Por ello, haciendo fuerza de buena voluntad, se sobrepone y trata bien a su posible agresor, aunque en el fondo de su ser siente repugnancia por la velada traición de que está siendo objeto.  

El otro paranoico, al sentir el forzamiento en su interlocutor................. etc.

Puede sentir el lector, aunque no sea paranoico, que el desencadenamiento de la violencia es inminente.

Lo que el interlocutor paranoico quiere lograr es que el otro paranoico no sienta esta agresividad.  Pero logra justo lo contrario, pues su interlocutor, ante la maniobra de ocultamiento, toma una actitud defensiva.  Y la defensa, en un yo condicionado por verdades absolutas, es el ataque.  La verdad absoluta es una verdad de extremos; no una verdad de escala de grises, no una verdad de posiciones intermedias, no una verdad de proceso.  El ataque como defensa, es una defensa coherente con una verdad extrema, porque es una defensa extrema.  

Es por ello que el paranoico no tiene otra salida ante la sensación de que va a ser agredido, que el ataque. Puede percibirse el carácter “diabólico” del circuito paranoico.

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